El presidente estadounidense Donald Trump descartó el miércoles una escalada militar contra Cuba tras la imputación judicial de la fiscalía federal contra el exmandatario isleño Raúl Castro y el posicionamiento de una flota naval en aguas del Caribe.
Los periodistas interrogaron al mandatario norteamericano sobre los movimientos logísticos en la región. “No habrá escalada. No creo que sea necesaria“, sostuvo Donald Trump, quien además ratificó su postura histórica al señalar que Estados Unidos está “liberando a Cuba“.
El Comando Sur de Estados Unidos coordinó el despliegue operativo en el área geográfica caribeña. La flota militar movilizada bajo la denominación de Grupo de Ataque del Portaaviones Nimitz incluye los siguientes recursos estratégicos:
- El portaaviones USS Nimitz (CVN 68) y su Ala Aérea Embarcada 17 (CVW-17).
- El destructor de misiles guiados USS Gridley (DDG 101).
- El buque de reabastecimiento USNS Patuxent (T-AO 201).
La jefatura militar describió a estas unidades como el epítome de la preparación, la presencia, el alcance, la letalidad sin igual y la ventaja estratégica, conforme a la documentación disponible provista por la propia fuerza armada el miércoles.
En el plano judicial, un gran jurado del Tribunal de Distrito de Estados Unidos para el Distrito Sur de Florida imputó formalmente a Raúl Castro. El expediente investiga la orden dictada para derribar dos aviones civiles de la organización de exiliados Hermanos al Rescate en el año 1996.
El dirigente político investigado nació en junio de 1931 y ejercía el cargo de ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba al momento de ejecutarse el ataque a las aeronaves.
Analistas internacionales en Estados Unidos evaluaron que esta acción judicial fundamenta una potencial incursión armada en el territorio insular. Los especialistas trazan un paralelismo directo con el procedimiento aplicado al mandatario venezolano Nicolás Maduro, a quien la justicia estadounidense acusó formalmente antes de que las tropas de Washington ingresaran a la ciudad de Caracas para trasladarlo por la fuerza hacia Nueva York.
La Casa Blanca ejecutó una presión económica asfixiante sobre el Palacio de la Revolución. La administración de Donald Trump incrementó las restricciones financieras luego del arresto de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, afectando directamente el suministro logístico de carburantes de la isla caribeña.
La Habana padece las consecuencias directas de estas medidas coercitivas en su estructura social. La población cubana enfrenta una crisis humanitaria y energética que se manifiesta mediante la falta de combustibles y cortes sistémicos de electricidad en las provincias.
El escenario bélico global añade un elemento de previsión a la política exterior norteamericana. El presidente estadounidense sugirió en declaraciones recientes que Cuba figura como el próximo objetivo de sus fuerzas armadas una vez concluido el conflicto armado con Irán.
El Gobierno cubano rechazó de forma institucional la validez del proceso penal abierto en Florida. El mandatario de la isla, Miguel Díaz-Canel, afirmó el miércoles que los cargos penales constituyen una maniobra política desprovista de fundamento legal.
La diplomacia de la isla anticipó un escenario de alta conflictividad regional si Washington decide avanzar por la vía armada. Cualquier ataque de las fuerzas armadas estadounidenses provocará un baño de sangre con consecuencias incalculables en la seguridad del continente, advirtió Miguel Díaz-Canel el lunes. (Agencia OPI Santa Cruz)


