(Por: Rubén Lasagno) – Conceptualmente la Patria es el sustrato cultural, histórico y afectivo que nos da origen y pertenencia, mientras que ser Patriota es el ejercicio ético y responsable de cuidar y mejorar ese sustrato para las generaciones presentes y futuras. Ortográficamente Patria y Patriota se escriben con minúscula inicial por ser sustantivos comunes, pero personalmente siempre lo hago con mayúscula, porque pretendo darle el sentido de grandeza propia que tiene el concepto que cada palabra encierra y que los argentinos hemos perdido, lamentablemente.
El hito de la Patria como tal fue aquel día de mayo de 1810 cuando “nació” tras la independencia política de la corona española y el wet dog shake (sacudón del perro mojado para sacarse el agua) que practicaron nuestros antepasados, para despojar a esta tierra de confin de ingleses, franceses y demás depredadores de época que buscaban el botín en las colonias de la América del sur. Y junto con ella (con la Patria) “los Patriotas” fueron los cultores de ese cambio, de esa gesta y de ese sacrificio que lo hicieron por las futuras generaciones de argentinos libres, posteriormente nuestros bisabuelos, abuelos, padres y hoy nuestros hijos y nietos.
Planteado así y transponiendo términos, la Patria es “el ser” argentino y el Patriota el que la sostiene, la engrandece y trabaja por hacerla cada vez mejor, más linda, más grande y busca insertarla en el concierto mundial de las mejores naciones.
Y ahora la reflexión fatal
Cuando miro en retrospectiva nuestra propia y corta historia nacional, la de mis abuelos, las de mis padres, la historia mía y de mi descendencia, llego a la fatal conclusión de que estamos perdiendo la Patria, sencillamente porque no nos quedan Patriotas.
Si quisiera buscar “los últimos Patriotas” de la Argentina, tendría que recurrir a la gesta de Malvinas, teniendo en cuenta que “gesta” resume una porciúncula de la historia; un hecho puntual como aquel donde los jóvenes argentinos fueron iniciados en una guerra absurda y solo para satisfacer la desesperación política de un ato de borrachos de poder (y de whisky) que hicieron héroes a chicos que deberían haber estado en las universidades para trabajar verdaderamente por la Patria y no morir por el patrioterismo de otros politiqueros que confortablemente seguían la guerra tras un escritorio. Y esto no va en desmedro del reconocimiento por los derechos de Malvinas, sino ataca la decisión estúpida de ir a una guerra sin tacto ni preparación militar.
Luego de aquella fecha fatídica, donde el concepto de Patriota lo tenemos asociando con las armas, como lo recordamos en la gesta previa a 1810 de la independencia política de aquellos años y posteriores, cuando para hacer o mantener a la Patria costaba vidas, no encuentro en la historia reciente o actual, a los Patriotas argentinos luchando sin armas por ideales y por un futuro que los trascienda, excepto ejemplos muy puntuales como César Milstein, René Favaloro, Bernardo Housay, Cecilia Grierson, Federico Leloir, solo por nombrar algunos de los más destacados hombres y mujeres que pusieron el alto el prestigio de la Patria.
Y es que nada nuevo, mejor y potencialmente distinto y que mire en favor de la Patria, nos ha sucedido en los últimos (al menos) 100 años, por el contrario, en los últimos 70, han retrocedido prácticamente todos los índices de patriotismo nacional y la sociedad en general se ha sumido en la trampa de los pensamientos circulares, aquellos en los que el ser humano queda atrapado cuestionándose una y otra vez, por qué nos pasan siempre las mismas cosas malas y no podemos salir de este círculo vicioso en el que nos hemos metido.
Parece que los argentinos estamos inmersos en la literatura de Dune, ese universo del escritor de ciencia ficción Frank Herbert, donde la evolución o la civilizaciones no avanzan y se estancan por mano propia y eso nos pasa a los argentinos que creamos nuestros propios anticuerpos sociales, lo cual, finalmente, nos impiden entrar en un círculo virtuoso del crecimiento y la felicidad social.
El retraso tiene nombres y apellidos
Si miramos en retrospectiva y dejado afuera las dictaduras militares que horadaron todo tipo de conciencia y destruyeron algo más que la moral del país, desde el año 1983 a la fecha, Argentina no pudo construir una Patria decente. No existen prohombres, pero tampoco hombres que hayan actuado en política, que el ser humano ha creado para satisfacer sus necesidades básicas y buscar la prosperidad.
Nos han convertido en un país endogámico, narcisista, egoísta y aislado. Nos han robado hasta la fe y como si eso no fuera suficiente, las nuevas camadas de la política nacional, arrastran los mismos males, vicios y en algunos casos exacerbados, que dinamitan las esperanzas de encontrar un mundo mejor en un país que lo tiene todo, pero no puede hacer nada.
Solo basta mirar a nivel nacional el gobierno que los argentinos supimos conseguir, viniendo de otro peor. Podemos bajar a la provincia y repasar a los que están hoy y echar una mirada hacia los que estuvieron. Para abrir el contexto podemos revisar las políticas y los políticos nacionales de las últimas décadas o buscar en Santa Cruz alguno que haya impulsado a la provincia hacia un destino de grandeza, teniendo en cuenta que somos territorialmente uno de los mayores estados en el país, con apenas 350 mil habitantes, poseemos toda las riquezas naturales (gas, petróleo, minería, pesca, turismo) y hay un 80% que vive directa o indirectamente de la administración pública y tiene un 48% de pobreza. No lo encontraremos.
Y a nivel nacional, los gobiernos se suceden sin que ninguno haya mirado ni mire por el país, solo buscan el enriquecimiento propio y la salvación económica corporativa o partidaria, aunque ello implique la destrucción del propio país, sus sistema productivo y fundamentalmente el presente y futuro de su gente, esa sociedad que puso a los ladrones en funciones y lamentablemente, reincide sin solución de continuidad.
¿De qué Patria podemos hablar y mucho menos a cuántos Patriotas podemos encontrar en Santa Cruz, cuando hemos tenido 30 años de un gobierno empobrecedor, absolutista, corrupto y adverso a la sociedad misma y lo hemos cambiado por otros de iguales (o en algunos casos) de peores característica?.
¿En qué futuro podemos pensar si los que se preparan para el recambio, son iguales o peores que los que están hoy?. Solo basta repasar los análisis previos que hemos hecho sobre los posibles candidatos que se ofrecen para el 2027 con Grasso, Carambia o el propio Vidal a la cabeza y un sinnúmero de personajes sin catadura moral para ser opción política como los oportunistas que tiró al ruedo la inefable Libertad Avanza con tipos como Jairo Guzmán y todos los pestilentes K reconvertidos que nombré en las “Pastillas del domingo”, pero de los cuales hay muchos más en toda la provincia?.
Por eso digo que éste como tantos otros 25 de Mayo que hemos transitado, es un día de la Patria, pero sin Patriotas. Como sociedad no podemos aspirar a construir un mundo mejor en este caos, buscando un país distinto, haciendo siempre lo mismo.
Si la sociedad no comienza a tener selectividad y autocorrección; si repite una y otra vez la misma historia, si vota sin pensar, no advierte, no mira, no analiza y solo empuja su voto emocionalmente, seguiremos sin conmemorar un 25 de Mayo completo.
No poremos refundar un país, una Patria que ya no tiene Patriotas, porque la oferta de aquellos que deberían serlo con ingenio, honestidad, trabajo y sacrificio como lo demanda la palabra, son abyectos, procaces, chorros, mentirosos, innobles, deshonestos, injustos, corruptos obscenos, creadores de un país si justicia ni equidad y aún hoy año 2027 siguen siendo los mismos que conforman una oferta electoral conocida y nos han traído hasta esta realidad donde seguimos rumiando lo que podríamos haber sido en estos 216 años que han pasado desde aquel 25 de mayo de 1810 pero que a pesar del tiempo, la Patria sigue en deuda y los Patriotas que necesitamos, no aparecen. (Agencia OPI Santa Cruz)